Seguían apareciendo, de a una, pronunciadas de a poco, en el viento. Con vocales abiertas, elocuentes, específicas, pero indescifrables. ¿Qué es lo que dicen? Flotan durante algunos segundos en la niebla densa para luego caer y penetrar en el musgo, para deshacer sus sílabas en la tierra. ¿Y qué dicen? Palabras a borbotones, que brotan de los troncos rotos, de la madera desintegrada, de las hojas disecadas. Dar vueltas alrededor de los árboles hasta alcanzar su lado siempre oculto; darles giros y giros, como atándolos a sí mismos, para apoyar el oído sobre la superficie que emite los susurros con ahogo. ¿Pero qué dicen? Una mano fría sobre la corteza, que entibie y apure los sonidos; la otra, templada, que tape la oreja derecha, la que más escucha, la que más intenta. Una sobre la otra sobre la otra, hasta que las palabras de los árboles se puedan recordar a la mañana siguiente, después de haber pasado la noche entera en el bosque. La cara lateral, los ojos cerrados, el oído izquierdo sobre los pliegues de la madera, muy cerca de las astillas. ¿Pero y qué es lo que dicen? Hasta que la madrugada las sorprenda sin haberse podido esconder, hechas ovillos a los pies de su tronco inicial.
viernes, 15 de mayo de 2009
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