sábado, 16 de mayo de 2009

Lengua vegetal (4)



Luego se callan, ni bien empieza a salir el sol. No calienta, no entibia, nada nada nada, pero ellas callan, se absorben hacia el fondo de la madera. La luz llega al ápice del cielo, donde podrá estarse tranquila, observando quedamente el desempeño de sus partículas en el espectro del bosque. Las brillantinas se deslizan entre las hojas para depositarse, más tarde, sobre las hierbas secas del suelo. Las palabras de los árboles están calladas, perdidas en el batifondo sin tono de las alas, que se acarician entre sí.


Cae de nuevo la luz, hacia abajo, hacia el otro lado de la esfera. Las plumas se repliegan y se vuelven a escuchar los susurros, claros e indiscernibles como siempre. Nombres, vocativos, sustantivos sin agujeros, frases armadas para el deshielo, discursos de sabia para recubrir las curvas de las coníferas. Cortan el aire sólo algunos instantes, para luego desaparecerse en las emisiones blancas de la luna sobre el claro del bosque.

1 comentario:

Arte Animal dijo...

Líndisimo! Poesía, poesía, poesía.


Besos