martes, 12 de mayo de 2009

El espejo y la puerta

Fue a visitarse a la muestra que le habían dejado en el espejo. Una meca que consultar hasta que todo oscureciera. Un baño público para estarse adentro. Un tribunal de justicia.

Tocó el timbre del espejo con un retruécano de los ojos. Mucha gente del otro lado. Mucho ruido también, indistinguible.

Segunda llamada. Están pero no contestan. “Si abrimos desaparecemos”, se escucha.

La muestra dejada en el espejo puede volverse autónoma. Puede correr la cara, sacar la mano y tocarle la mejilla. Es que así se abre la puerta.

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