domingo, 12 de octubre de 2008

Amanecer con monstruos marinos

Joseph M. William Turner






Se amanece con los monstruos del mar, que tocan una sonata sólo para dejarnos entrever sus luces amarillas. Te despiertan temprano, aunque no hayas dormido, aunque te hayan visitado también en los sueños acuáticos, durante la noche. Las bestias marinas recorren las olas y las gotas les golpean las pupilas; las escamas se llenan de agua salada pero no llegan a humedecerse nunca. Fire walks with them. Las siempre secas criaturas que navegan los océanos de arriba hacia abajo, sumergiendo las aletas hasta que la luz amarilla casi desaparece.

En el lecho submarino se encuentran a comparar sus trofeos. Algunas retienen un insomne entre sus fauces; otras ya se lo han tragado entero. Los hay que intentan sacudirse para escapar del trato áspero de las bestias, pero encallan en la arena barrosa del fondo del mar y se quedan imitando a las algas para siempre. Vienen a buscarlos con una corriente caldosa y los empujan a la oscuridad azulada y brillante, llena de espuma. Los dientes tratan de esconderlos porque, después de todo, todavía es muy temprano. Habrá que esperar a que el amarillo se convierta en celeste para poder seguir nadando.

Algunas ya se preparan durante la noche: abren los ojos y comienzan a mover las aletas, de a poco, para no levantar arena en el fondo del mar: las otras especies todavía duermen. Alcanzan el movimiento y sus cartílagos se desprenden del fondo, lentamente; parpadean dos o tres veces y empiezan a subir abriendo las agallas a cada aletazo. Se relamen hasta la mandíbula. No hay nada más exquisito.

2 comentarios:

Unknown dijo...

¡Hola Yami!
Disfruté mucho de los colores lyncheanos.
Cris

Debret Viana dijo...

chapeu